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Solari, el gran revulsivo

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Cinco derrotas en sus siete últimos partidos le costaron el puesto a Julen Lopetegui. Seis victorias en sus siete duelos más recientes permiten ahora al Real Madrid afrontar con un optimismo inimaginable en aquel tormentoso octubre los meses decisivos del curso, vivo en las tres competiciones, en el último escalón hacia la final de Copa, con sus opciones ligueras resucitadas y la Champions de nuevo como gran objetivo. Un giro de 180 grados con un indiscutible protagonista, Santiago Solari, que ha rehabilitado a un equipo moribundo para hacerle soñar de nuevo con la cúspide.

Veinticinco partidos han convertido a Solari en el gran revulsivo que tanto necesitaba un conjunto al que las salidas de sus dos grandes referentes de los últimos años, Cristiano Ronaldo y Zinedine Zidane, sumieron en un mar de dudas. Cuando el rosarino fue ascendido desde el Castilla, el Real Madrid deambulaba en una deshonrosa novena posición en la Liga, humillado por un Barça sin Messi en aquel clásico que finiquitó al guipuzcoano. Trece jornadas después es segundo y presume de haber salido indemne de una semana crucial en la que visitó el Camp Nou y el Wanda Metropolitano. Dos feudos hostiles que doctoraron al preparador argentino, al que aún le quedan por ascender varios ochomiles dentro de esta particular cordillera del Himalaya en que se ha convertido el mes de febrero para los blancos.

Elevado con un marchamo de provisionalidad del que se despojó gracias a los buenos resultados que cosechó en un primer tramo de benevolente calendario, Solari ha dado un golpe de autoridad en las últimas semanas, que le han permitido reivindicar su valía con números que no desmerecen para nada los de ilustres predecesores suyos en el banquillo de Chamartín. Acumula 19 victorias (76% del total), dos empates (8%) y cuatro derrotas (16%). Sus pupilos han marcado 61 goles a su vera (2,44 por partido) y han encajado 24 (0,96 por encuentro).

Y sin Cristiano

De los cinco técnicos que tuvo el Real Madrid antes de Solari en la presente década, sólo dos mejoran claramente los registros del rosarino en sus primeros 25 partidos: Zidane y Mourinho, que lograron una victoria más. El marsellés firmó 20 triunfos (80%), tres empates (12%) y dos derrotas (8%) en el mismo tramo que quien fuera su compañero en el ‘Madrid de los galácticos’. El conjunto que tutelaba el francés marcaba más (69 goles, a una media de 2,76 por partido) y encajaba menos (16 tantos, 0,64 de media), pero en la plantilla estaba Cristiano, el artillero más voraz en la historia del trece veces campeón de Europa.

Zinedine Zidane posa con la Champions conquistada en el Olímpico de Kiev.
Zinedine Zidane posa con la Champions conquistada en el Olímpico de Kiev. / Genya Savilov (Afp)

Como Zidane, Mourinho se estrenó con 20 victorias en sus primeros 25 choques al frente del Real Madrid. Amarró un empate más (16% del total) y sufrió una derrota menos que el galo (4%) con un equipo ligeramente menos letal que el de Zizou (67 dianas, a razón de 2,68 por choque) y algo más sólido atrás (encajó 15 goles, un promedio de 0,6 por duelo).

Los guarismos de Carlo Ancelotti a su llegada fueron muy similares a los de Solari: las mismas victorias (19), dos empates más y dos derrotas menos. Ese Madrid del curso 2013-2014 que acabaría levantando la ansiada ‘décima’ anotó 71 goles en los primeros 25 partidos del italiano (2,84 por partido) y encajó 26 (1,04%).

Carlo Ancelotti, manteado por la plantilla del Real Madrid que alzó la 'décima'.
Carlo Ancelotti, manteado por la plantilla del Real Madrid que alzó la ‘décima’. / Francisco Leong (Afp)

Solari ya ha igualado la longevidad en el cargo de Rafa Benítez. En los 25 partidos que duró su etapa, sumó 16 triunfos (64% del total), cinco empates (20%) y cuatro derrotas (16%). Su equipo marcó 66 goles antes de que le relevasen por Zidane (2,64 por partido) y encajó 24 (0,96%), aunque tres de estos últimos se los coló por vía administrativa el Cádiz a causa de la alineación indebida de Cheryshev en la ida de dieciseisavos de Copa.

Pero lo que realza verdaderamente la condición de revulsivo de Solari es su comparativa con el magro expediente que tumbó a Lopetegui. El periplo como técnico del Real Madrid del exseleccionador español se detuvo en catorce partidos que dejaron seis victorias (42,8%), dos empates (14,2%) y seis derrotas (42,8%) para los blancos, con 21 goles a favor (media de 1,5 por partido) y 20 en contra (1,42 por encuentro).

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Solari encontró una plantilla desmoralizada, con piezas clave en pésimo estado y una insólita anemia goleadora. Hoy ese mismo plantel vuela con la electricidad de Vinicius, la alegría de Reguilón, el despliegue del ahora lesionado Marcos Llorente y el sacrificio de Lucas Vázquez, cuya entrega le recuerda a Solari los tiempos en los que vestía de corto abanderando a una cada vez más zarandeada clase media en beneficio de los ‘Zidanes y Pavones’. Allí recibió las enseñanzas de Vicente del Bosque, el más reconocido heredero de Luis Molowny a la hora de reconducir un Madrid herido. Al salmantino recurrió Lorenzo Sanz cuando John Benjamin Toshack colmó la paciencia del por entonces presidente del Real Madrid con unas declaraciones que pasarían a la posteridad: «Es más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabéu a que yo rectifique». Corría la campaña 1999-2000. Del Bosque sacó catorce victorias (56%), siete empates (28%) y cuatro derrotas (16%) en sus 25 primeros partidos al frente de un equipo que acabó abrochando la ‘octava’ en París. No pudo sumarla a su palmarés Solari, que cambió el Atlético por el Real Madrid un curso después, pero sí alzaría bajo su tutela la ‘novena’ con aquella inolvidable volea de Zidane en Glasgow.

Solari celebra con Zidane la consecución de la 'novena' en Glasgow.
Solari celebra con Zidane la consecución de la ‘novena’ en Glasgow. / Bernd Weissbrod (Efe)

Al marsellés es mejor dejarlo tranquilo con su grandeza, como resaltó el mismo Solari en su primera rueda de prensa como entrenador del Real Madrid. Levantó tres Champions en tres temporadas, algo que nadie había hecho. Al argentino le queda un largo trecho para ganarse la continuidad pero sus números refrendan el acierto de la directiva al confiar en él.

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